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Un taller en el que la cocina se convierte en el ingrediente principal del aprendizaje. Gracias a esta actividad, los niños y niñas, mientras aprenden a cocinar y se divierten y expresan su creatividad a través del mundo de la cocina y trabajan las actividades cotidianas básicas: alimentación, salud, nutrición, higiene, aprenden a trabajar en equipo, valoran el trabajo propio y del otro, y aprenden normas de convivencia.

Pero la cosa no queda aquí, en La Escueluca creemos que la cocina tiene un gran potencial como elemento motivador del aprendizaje. Dentro de esta disciplina se trabajan diariamente de forma transversal aspectos culturales (platos típicos, dietas y costumbres), geográficos (países, cultivos, climas), matemáticos (medidas, proporciones, fracciones), lingüísticos, psicomotrices, etc. De este modo, conseguimos una actividad tradicionalmente muy específica en un momento idóneo para el aprendizaje desde una vertiente lúdico-formativa.

 

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